5 Factores Sociales Influyentes en la Sexualidad del Anciano

Los Factores Sociales influyen en la sexualidad de los mayores, quizá tanto como los factores biológicos. En gran parte, la valoración y respeto de la sexualidad en la tercera edad debe hacerse en el ámbito de la cultura popular, en el día a día, tanto como en el ámbito profesional y sanitario. El experto Jose – Ramón Navarro nos explica cuáles son estos factores.

factores sociales de la sexualidad en los mayores

foto por Premus

1. Autopercepción del atractivo sexual:
La persona mayor capaz de mantener una percepción positiva de su cuerpo y de su pareja tiene muchas posibilidades de vivir relaciones sexuales satisfactorias.

La sociedad tiene la sospecha de que son las mujeres mayores, antes que los hombres mayores, las que pierden pronto su atractivo sexual, atribuyéndolo a que en ellas se produce una pérdida más precoz de la capacidad de procreación. Pero ¿Cuál es el contexto general en cuanto a la sexualidad de la mujer mayor?

En un mundo donde se privilegia la juventud y la productividad no es difícil que exista miedo a “llegar a ser viejas”, situación dinámica en la cual se las va considerando cada vez más inútiles o, si se quiere, menos, poco o nada útiles. El climaterio anticipa este sentimiento de vejez en la mujer; sentimiento que en el hombre de edad madura sucede dos épocas después, cuando comienza a perder prestigio (A. Herrera).

En la mayoría de los países, incluyendo los industriales, las propias mujeres mayores consideran que, víctimas de la cultura en que viven y en la educación que reciben, la sexualidad les sigue siendo negada. Pero es un mito que hayan perdido el apetito sexual y si algo se ha probado con respecto a la materia es que la duración de la fase orgásmica en la mujer mayor sufre una disminución paulatina, sin sensible importancia.

Muchas mujeres temen erróneamente que, terminada su función reproductiva van a perder también la función sexual; pero no hay tal, puesto que la respuesta física a la estimulación se mantiene pese a los cambios hormonales de la postmenopausia. Es más, a este respecto, los trabajos de Master y Johnson (1995) sugieren muy fuertemente que la actividad sexual periódica sería un escudo contra las alteraciones fisiológicas del envejecimiento de la anatomía sexual de la mujer.

La experiencia del especialista en el tema A. Herrera parece demostrar como hecho general que:
a. Los cambios físicos que se experimentan en el proceso de envejecimiento no han llegado a afectar radicalmente la sexualidad de la mujer anciana que es capaz de adaptarse a ellos.
b. Las mujeres perciben su sexualidad como un aspecto no poco importante en su vida y la práctica de su sexualidad transcurre ligada a su intimidad y con respecto a su pareja es una expresión que se añade a otras formas de amarla.
c. Y resulta así que el amor se hace presente como parte fundamental en la relación de la pareja y en su vida compartida.
d. Uno de los hechos más esperanzadores ha sido la comprobación de la paulatina pero apreciable disminución  del mito tan enraizado en la sociedad en relación con los adultos mayores y especialmente en relación con relación a la mujer mayor: la salida de los hijos del hogar esta afectando de modo positivo la vida sexual de l pareja, que a partir de entonces cuenta con mayor espacio y facilidades para ejercer más libremente su sexualidad, pues ya no se precisa esperar el momento discretamente adecuado para tener relaciones y disfrutar plenamente de la mutua compañía. Se está cambiando del mito del “síndrome del nido vacío” por el de “misión cumplida”.
e. Aceptado el cambio de premisas, tal como hemos comentado, resulta consecuente admitir que se está tambaleando en nuestro ambiente cultural el mito de que la mujer mayor ya no requiere sexo, de que no sólo es innecesario sino también impropio y “anormal” a sus años.

Por otra parte, las mujeres no perciben el sexo como algo malo. Incorporan el acto sexual a sus vidas, como parte importante de ella; pero en cierto modo caen en contradicción: les resulta muchas veces difícil asumir qued tienen deseos sexuales y tienden a esperar a que sea su pareja quien las busque e inicie la relación sexual.

Por otra parte, es satisfactorio observar la generosidad de la sexualidad de la mujer mayor: el mantenimiento de relaciones sexuales significa para ellas  un acto de entrega. Y por otra parte, siendo frecuente considerar la belleza como la clave en la estimulación de la sexualidad, para muchas el sentirse deseada equivale a seguir siendo bellas y jóvenes, en medio de una sociedad que da culto a la belleza física y a la belleza juvenil. En este terreno resulta que esta sociedad permite envejecer a los hombres sin juzgarles tan duramente por su apariencia física.

2. Acceso a una pareja:
En general no se considera correcto hablar públicamente de la sexualidad y por lo que concierne al caso concreto de los ancianos parece improcedente y deshonesto plantear la posibilidad de que vivan su propia sexualidad. Tan es así que la formación de parejas en la edad algo más que madura suele ser mal aceptada y a los constituyentes de aquélla se les regala con términos tan despectivos como los de “viejo verde” y “viuda alegre”. El caso es que estos prejuicios sociales flagelan al anciano, privándole de su derecho de mantener su actividad sexual de un modo satisfactorio.

3. La viudez:
Parece demostrado que el hecho de perder la pareja es uno de los factores que más influyen en el cese de la actividad sexual, lo que se agrava porque la interrupción prolongada de la vida sexual de una persona mayor dificulta la recuperación de la actividad. Y es que a muchos les resulta imposible o, al menos, difícil obtener placer con otra pareja cuando la convivencia con la persona fallecida fue satisfactoria.

La situación de viudez no es igual para la mujer que para el hombre: la tendencia social ha consistido en rechazar el establecimiento de nuevas relaciones afectivas e incluso de nuevo matrimonio en las mujeres viudas; lo cual ha limitado aún más la actividad sexual de éstas. El 90% de las mujeres viudas han venido interrumpiendo sus relaciones sexuales a partir del fallecimiento de su esposo.

4. Dificultad para acceder a la intimidad:
Los ancianos que viven con sus hijos o están institucionalizados no disfrutan del ambiente de intimidad más adecuado para mantener relaciones sexuales, que les suelen ser prohibidas expresamente.

5. Cambios de domicilio:
Cuando el anciano se ve obligado a abandonar su domicilio habitual, ya sea por problemas económicos o por padecer una incapacidad importante, de modo que se refugia en el domicilio de familiares directos o se acoge en Residencias, la pareja constituida desde años atrás pierde la privacidad y su intimidad. Y cuando se les separa para repartir las cargas entre los miembros de la familia, ésta no suele sospechar siquiera que exista una necesidad de manifestación sexual: en estas situaciones es cuando necesitan más perentoria e intensamente manifestar sus sentimientos y emociones y tener con quien compartirlos.

Hay que crear un reconocimiento social generalizado de esta necesidad, para sí encontrar la mejor solución cuando se decida el cambio de domicilio. Se debe mantener, se debe intentar mantener, el equilibrio entre la intimidad, la dignidad y los derechos del anciano, incluso cuando exista cierto grado de incapacidad mental, pues aún así tiene capacidad para sentir placer y en muchas ocasiones precisan tocar y ser tocados y sentir calor.

Escrito por: José – Ramón Navarro

 

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2 respuestas a 5 Factores Sociales Influyentes en la Sexualidad del Anciano

  1. Sólo quisiera comentar que abonaedat.es está interesada por la gente que busca su bienestar sin importar si vive sola o acompañada, si está sana o tiene alguna discapacidad y que le guste sentirse bien y verse bien.

  2. norka orozco dice:

    Excelente publicación, muy acertada

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