La Depresión en los mayores: factores de riesgo

Conocer los factores de riesgo de la Depresión en los mayores es el punto de partida para reconocer si la persona mayor necesita ayuda emocional. En el siguiente artículo la experta Elena Lorente explica las caractarísticas que se asocian a los estados de depresión en la tercera edad.

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Factores de riesgo de depresión en los mayores

La Epidemiología es la disciplina que estudia la distribución, frecuencia y control de los factores relacionados con la salud y la enfermedad en las personas. Según la Epidemiología los factores de riesgo son las características que se asocian con una enfermedad; no son necesariamente la causa directa de ésta.

Si un paciente cumple unos factores de riesgo de padecer una enfermedad concreta, se dice que tiene la probabilidad de padecer dicha enfermedad.  Así, conociendo los factores de riesgo de padecer Depresión, se puede tener información para poder prevenirla o detectar posibles señales de alarma de Depresión en una persona mayor.

Las personas mayores tienen muchos cambios en su vida a los que tienen que hacer frente: duelo, fallecimiento de amigos, enfermedades, ser cada vez más dependiente, perder memoria u otras capacidades cognitivas, o cualquier hecho que le afecte de forma indirecta, como puede ser la ruptura de la pareja de un hijo.

1. A veces cuesta mucho afrontar esos cambios. En este momento la persona puede tener un estado de ánimo triste que si no resuelve le deriva en una depresión de tipo reactivo. Así, surgiría la depresión en los últimos años de vida, pero también la persona que padeció depresión anteriormente es probable que pueda recaer en el momento en que le sucede alguna de estas situaciones o similares. Hay bastantes casos de Depresión que remiten parcialmente, que parece que están recuperados, pero en realidad no porque recaen en cuanto un hecho adverso sucede.

2. En el afrontamiento de situaciones tienen que ver los factores de personalidad y comportamiento, como la baja autoestima y el pesimismo, al igual que la baja tolerancia a la frustración. El exceso de perfeccionismo y la necesidad de controlarlo todo llevan a la persona a que se frustre si algo no sucede según lo esperado o deseado, y esa frustración se acompaña de un estado de ánimo que tiende a la tristeza. Si es una forma habitual de pensamiento de la persona, tendrá factores de personalidad que le predispongan a padecer Depresión de tipo reactivo.

3. Una situación de riesgo frecuente en las personas mayores es el ingreso en una Residencia cuando la persona no es suficientemente independiente para vivir sola en su propia casa, ya sea por deterioro cognitivo, físico o funcional. Es una fuente de estrés e insatisfacción, ya que es comprensible que todos queramos estar en nuestra casa. Sin embargo, el aceptar las primeras limitaciones, el que se vea que cada día está menos ágil, más olvidadizo, más despistado, unido a entrar en una Residencia, produce frecuentes Depresiones de tipo reactivo. Por eso, muchos mayores que no desean su ingreso, y consideran el vivir en la Residencia como una forma de abandono hacen que puedan tener probabilidad de desarrollar Depresión, unido a que muchos se muestran más tristes delante de la familia para conseguir que les lleven de vuelta a su casa porque hacen ver que allí no están bien ni se sienten adaptados. Esta no aceptación y el bajo estado de ánimo dificultan la adaptación a la Residencia.

4. También es frecuente en las Residencias encontrar personas mayores de edades muy avanzadas que tienen una dependencia física leve o moderada, pero que cognitivamente se encuentran bien que presentan estado de ánimo más triste. Los mayores de esta generación no eran conscientes de que iban a sobrevivir tantos años, considerando que sus padres fallecieron a edades menores, y que en España la esperanza de vida es una de las más altas de Europa, siendo para los hombres de 81 años y para las mujeres de 85 años. Al darse cuenta de que pasan los días, su vida es monótona, no se encuentra mal de salud pero tampoco completamente bien, se sienten como cansados de vivir tantos años. Ahí es frecuente que manifiesten ideas y deseos de muerte, de que ya no quieren seguir viviendo porque son muy mayores y que para llevar este tipo de vida que no es inactiva pero tampoco activa, suele ser el punto de partida para que esa persona desarrolle una Depresión si no afronta adecuadamente lo que le sucede.

5. Y uno de los factores de riesgo más ligados a Depresión es la soledad y el aislamiento. Si la persona siente que no tiene personas de confianza que puedan responder por ella, no sabe a quién acudir si tiene un problema, o se siente desinformada de lo que pueda sucederle en su vida cotidiana y cómo resolverlo, se dice que tiene bajo apoyo social percibido. Si la persona mayor apenas sale de casa, no trata con mucha gente del vecindario, su familia está lejos, etc. su apoyo social se ve disminuido, y es probable que la persona se sienta sola y aislada y desarrolle Depresión.

6. Entre todos estos factores de riesgo de padecer Depresión, hay que considerar que el estado de ánimo negativo puede ir aumentando progresivamente. También la Depresión puede ser secundaria a otros problemas crónicos como hipotiroidismo, dolor crónico, enfermedad neurológica, o que las personas que padecen de anemia tienden a manifestar más tristeza.

Si conocemos estos factores e identificarlos en la persona mayor, estaremos más alerta ante una posible Depresión. Así podremos realizar una acción preventiva o minimizar esos riesgos.

Escrito por: Elena Lorente http://www.vedasabiduria.com/

Acerca de Elena Lorente

Psicologa experta en envejecimiento y atención a las personas. Profesora Asociada de la Universidad Complutense de Madrid. www.vedasabiduria.com
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4 respuestas a La Depresión en los mayores: factores de riesgo

  1. María Isabel Rodríguez Baquero dice:

    Es cierto que todos los factores citados en el artículo pueden desencadenar una depresión en las personas mayores. Pero lo cierto es que afectan en mayor o menor grado según lo preparada o no que la persona mayor esté para hacerles frente. Por eso, creo que sería muy útil que desde el tiempo de la juventud o todo lo más de la edad mediana se preparase uno para la inevitable llegada de la vejez, con su cortejo de circunstancias deplorables, como la pérdida de energía, la disminución de fuerza y de vigor, la mayor o menor dependencia de otras personas, incluso ese cierto desinterés por la vida, como si uno se hubiese quedado al margen, como si estuviese ya fuera de juego… Pero también, y no deberíamos olvidarlo, con otro cortejo de circunstancias favorables: una mayor serenidad para afrontar la vida, lejos ya de los vaivenes de la juventud, una mirada de mayor comprensión para los otros, para quienes pasan por cosas que nosotros ya pasamos, la sabiduría que da el haber vivido, y más cuanto más intensamente se ha vivido.
    Por eso, creo que la vejez hay que prepararla, hay que irse “educando” uno mismo para afrontar ese tiempo último de modo que no sea un simple ir viviendo, ir dejando que la vida nos pase hasta que llegue el momento de dejarla. Porque hasta que ese momento llegue estamos vivos, con todo lo que eso conlleva, de sentimiento, ‘pensamiento, acción (en la medida que podamos). Y para prepararse no veo nada mejor que interesarse por los demás, ejercer la amistad y la solidaridad, leer, realizar alguna actividad que comprometa la mente, no “desengancharse” del mundo, de la vida, de lo que pasa alrededor de uno, cerca y lejos.
    Tengo setenta y tres años y desde que tenía más o menos cincuenta he sido muy consciente de que mi vejez sería, en parte al menos, lo que yo quisiera que fuese. Y así, ahora que me ha llegado ese tiempo, y la depresión acecha porque uno no es inmune a todos esos factores que dije antes, procuro ejercer el pensamiento, la solidaridad, y si no puedo hacer ya cosas que antes hacía, puedo hacer otras. Y a veces cuesta, y a veces se tienen ganas de abandonarse, de dejarse ir; pero eso sería entregarse a algo peor que la muerte: a la nada, al vacío, así que hay que cerrar la puerta a esas tentaciones de indolencia y entreguismo,y VIVIR. Que eso y no otra cosa es nuestra tarea hasta que la muerte llegue a relevarnos de ella.

  2. Hola Isabel,
    soy la autora del artículo. Ha dado Vd. la clave con el mayor factor preventivo de cualquier psicopatología, que es la educación emocional y para el afrontamiento de las cosas de la vida. Y también se apunta a la flexibilidad y la aceptación de lo que sucede: las personas muy rígidas se trazan un camino inamovible de lo que será su vida sí y sólo sí, y en cuanto algo no sucede según sus planes viene la frustración y el dolor.
    Mi más sincera enhorabuena por su motivación por la vida sana (a todos los niveles) y por ser flexible y comprensiva.

    Elena Lorente

    • María Isabel Rodríguez Baquero dice:

      Muchas gracias, Elena. En realidad, creo que he tenido mucha suerte, porque a lo largo de mi vida, en momentos y situaciones difíciles, he encontrado personas que me han enseñado a descubrir lo bueno que se puede extraer de cualquier circunstancia y a enfrentar la vida de manera positiva y flexible. Y he hecho lo posible por poner en práctica sus enseñanzas.
      Le agradezco a usted y a cuantos se ocupan de mejorar la calidad de vida de los mayores su esfuerzo por contribuir a que esta edad, que tiene evidentes limitaciones. sea vivida también con intensidad y con la mayor cantidad posible de alegría.

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