Voluntariado y Apoyo Emocional a la Familia Cuidadora

El voluntariado y el Sector Solidario pueden dar el apoyo social y emocional que las familias cuidadoras necesitan. Aunque el apoyo económico es muy importante, el apoyo social también es fundamental para tratar problemas como “el síndrome del quemado”, el cual sufre un alto porcentaje de cuidadores. La experta Nuria Garro-Gil nos explica este tema.

Foto por U library

Cuando hablamos de la “familia cuidadora” y de sus necesidades, a nuestra mente siempre acuden, normalmente, las mismas cuestiones: servicio asistencial, cuidado de ancianos, ayudas económicas, apoyos materiales, cambios en la vivienda, ingreso en residencias, subvenciones, Ley de Dependencia, SAD (Servicio de Ayuda a Domicilio), etc.

En definitiva, todas ellas ayudas, principalmente, de carácter económico, material y monetario. Bien es cierto que un diagnóstico de dependencia conlleva para la familia grandes gastos, la inversión de considerables cantidades de dinero, cambios y adaptaciones en la vivienda, compra de material y posible contratación de servicios y profesionales. Pero, ¿todas las necesidades de la familia se reducen al plano económico o material?

Conjuntamente con ellas, surgen además otras necesidades que podríamos denominarlas personales, afectivas, sociales, psicológicas y relacionales. Necesidades todas ellas que comienzan a emerger principalmente en el momento en que los familiares cuidadores empiezan a manifestar lo que podrían considerarse los síntomas del denominado “síndrome del cuidador”, también denominado burnout o “síndrome del quemado”.

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¿A qué síntomas nos referimos?: estrés, cansancio, tristeza, falta de sueño, sensación de exceso de sacrificio personal, sensación de aislamiento respecto al resto de la familia y del entorno próximo, falta de dedicación a su propia familia nuclear (marido/mujer e hijos), pérdida de amistades y relaciones sociales, falta de tiempo para uno mismo, renuncia a hobbies e intereses personales, abandono del puesto de trabajo, sentimientos de impotencia, de no estar haciendo las cosas bien, de no dar al familiar dependiente el trato que se merece, frustración por verse en esa situación, sentimientos de culpabilidad por tener pensamientos negativos hacia el familiar y su situación, etc.

¿Qué ocurre entonces cuando la persona cuenta con todas las ayudas, subvenciones y apoyos económicos, materiales y profesionales necesarios (si tiene la suerte) y aún así siente y padece todo lo dicho anteriormente? Lo que ocurre es que se pone de manifiesto que la familia cuidadora tiene además otras necesidades que van más allá de lo puramente material, económico o monetario. Necesidad de hablar con otras personas que estén pasando por lo mismo y hallar consuelo y desahogo; necesidad de sentir que cuenta con el apoyo de otros familiares y personas cercanas para el cuidado de la persona dependiente; necesidad de saber que lo que hace, lo hace bien; necesidad de sentir que su labor de cuidador es reconocida socialmente; necesidad de mantener relaciones sociales e incluso hacer nuevas amistades; necesidad de participar en actividades que sigan favoreciendo su propio crecimiento personal y que además le sirvan de distracción; necesidad de compatibilizar el cuidado del familiar con su propia vida personal y su propia familia nuclear (marido/mujer e hijos).

Necesidad, en definitiva, de asumir el encargo que le corresponde en un momento dado de su vida de cuidar y atender a un familiar dependiente, pero al mismo tiempo continuar con su propio proyecto de vida personal. Y así un largo etcétera de necesidades que, claramente, no se cubren con dinero, al menos no directamente.

Voluntariado y apoyo a la familia cuidadora: Pero, si son el Estado, la administración y la empresa privada los que cubren las necesidades económicas y materiales, ¿quiénes cubren estas necesidades personales, psicológicas, sociales y relacionales? Es cierto que algunas de ellas también las pueden cubrir las instituciones públicas o privadas poniendo a disposición de las familias servicios de atención, asesoramiento y asistencia. Pero la mayoría de ellas quedarán en manos de las propias familias, como redes de apoyo, y de las denominadas “organizaciones del Tercer Sector”. Con ellas nos referimos a todas aquellas fundaciones, asociaciones, ONGs, voluntariado, agrupaciones sociales y demás iniciativas altruistas y de tipo solidario que nacen y crecen en el seno de la sociedad y cuyo objetivo es prestar a la familia cuidadora ese apoyo social que otras instituciones, por carecer de recursos o por no ser expresamente su función principal, no van a poder brindarle.

En este sentido, estas organizaciones sociales pueden y deben, en la actualidad, ejercer un papel fundamental en el apoyo a la familia cuidadora en aquella función que le es propia y por lo tanto responsabilidad directa, como es la atención y cuidado de sus miembros dependientes. Para ello deben (como de hecho ya hacen muchas) facilitar servicios de carácter voluntario y siempre desde un enfoque subsidiario que se caractericen por prestar un apoyo humano, cercano y personal y en el que se dé cabida a las relaciones personales. Un apoyo en el que lo importante sea siempre la persona y su bienestar, tanto de la propia persona dependiente como de los familiares cuidadores. Un apoyo que brinde afecto, cariño, comprensión, empatía y cercanía. Un apoyo, en definitiva, humano. Sólo las redes familiares y las organizaciones sociales son capaces, por su propia naturaleza, de facilitar a las familias cuidadoras y las personas mayores este tipo de servicios personalizados y cercanos, dirigidos especialmente al trato y cuidado de personas a través de la creación de relaciones humanas en las que se dé verdaderamente un encuentro de tú a tú.

Lo deseable sería, por tanto, que todas las familias cuidadoras pudieran contar con todos los bienes que a su disposición ponen todos los agentes sociales: el Estado y la Administración con las ayudas, subvenciones y bienes públicos; el Mercado y la empresa privada con la provisión de materiales, profesionales e instituciones de atención y cuidado de mayores; las redes familiares con el apoyo directo y las propias relaciones familiares; y las organizaciones del Tercer Sector con los servicios de voluntariado de apoyo a las familias y cuidado y atención de personas mayores y con las propias relaciones sociales.

Escrito por:
Nuria Garro-Gil
Pedagoga y Psicopedagoga, doctoranda de la Universidad de Navarra.

 

Acerca de Nuria Garro-Gil

Pedagoga y psicopedagoga, doctoranda en la Universidad de Navarra
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Una respuesta a Voluntariado y Apoyo Emocional a la Familia Cuidadora

  1. m mercedes neira dice:

    llevo mucho tiempo cuidando a mi madre con parkinson y me siento agotada.podrian enviarme alguna direccion donde me pueda dirigir que haya personas en mi misma situacion.gracias

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